Y el tiempo pasa



Lo divertido de tener un blog, es que conforme pasa el tiempo, lo puedes tomar como una línea del tiempo. Es un reflejo de las emociones que sentiste, y la manera en que tus pensamientos han evolucionado. Es una manera de guardar las memorias, para revivirlas al volver a leerlas. Les puedo decir algo, no escribo mis blogs con meditación, con borradores, listos para publicarse en tiempo y en forma (como debería de ser); los escribo en el momento, con pensamientos, sensaciones, emociones a flor de piel, así que eso es lo que tienen cuando me leen, un pase libre a las locuras que pasan por mi cabeza.

Escribir un blog puede llegar a ser difícil y no por la manera en que redactas, o en los temas de elección, sino porque si escribes del corazón puede que te expongas demasiado, y eso da miedo porque hace permisivo a quién te lee a juzgarte, y pues ¿quién no le tiene miedo al dedo que apunta?

En fin, me gusta escribir porque me permite drenarme, y a veces hasta darme cuenta de emociones que ni siquiera sabía que estaba sintiendo. Cuando me pongo frente al monitor de mi sobrevalorada mac, y está abierta en la aplicación de pages completamente en blanco, me siento como Bob Esponja en ese capítulo donde tenía que escribir un ensayo, y en el momento más ilustre, logró escribir “The”; pues si, así me pasa, me pongo y las palabras no me salen, escribo, borro, escribo, borro, hasta que me permito un poquito sentir lo que pasa en mi vida, y de pronto sale. Por eso que no tienen algún sentido, alguna línea que conecte un escrito con el otro, porque los días nunca transcurren del mismo modo.



Hoy por ejemplo me rio de los giros de la vida, y de la manera en que podemos complicarnos la existencia en momentos donde las circunstancias realmente son sencillas, me digo a mi misma “estás bien mensa Valeria, sólo necesitas haber hecho eso”, y lo más gracioso/triste/patético (no sé que adjetivo calificativo utilizar) es que siempre sabemos como complicarnos menos, pero optamos por tomar el camino difícil. Entonces mientras un día atrás mi cabeza estaba inundada de “pensamientos-a-que-no-duermes”, hoy no puede estar más claro todo. Pero de eso consta todo, de los cambios inesperados que surgen y cómo es que te agarran, ¿estabas preparado? ¿has aprendido de los bajones anteriores, lo ves con otros ojos? o ¿te parece igual todo? Para mi las cosas, son bastante cambiantes, me gusta pensar que he aprendido de situaciones pasadas. Entonces mientras escribo eso, y reflexiono sobre el paso del tiempo, me percato en cómo ha cambiado mi vida, cómo he cambiado yo; aquí con un día con 26 años, me doy cuenta en el poder del querer. Viví engañada por mucho tiempo llamándome caprichosa por siempre salirme con la mía, pero no, es el poder del querer. Así de mis 25, a mis 26 logré hacer casi un checklist completo de mis objetivos, esos que se me habían olvidado que escribí cuando comencé el año.



Los 25 me trataron muy bien, les debo tanto, y no diré que estoy lista para lo que venga porque no lo sé, pero confío en que la vida siempre trae cosas buenas, y gente linda que seguirá marcando mi trayecto, y mientras tenga una mano que sujetar y camino por caminar, que pase lo que tenga que pasar.

Esta soy yo, la misma pero distinta,



un poquito más vieja, un poquito más sabia, un poquito más lista, un poquito más llena, un muchito más feliz. Gracias 25, bienvenidos 26.

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