Clichés en días azules


Los días azules llegan sin previo aviso; nada, no hay advertencia que te prepare mentalmente para la colisión emocional en las que a veces se ve inmerso uno. Llámenle como gusten, estrés, luto, hormonas, corazón roto, luna, etc., etc.… Así un día despiertas y sientes que el mundo te aplasta, y tienes que buscarte el pulso porque jurarías que estás medio muerto. Y entonces te dicen mosca y lloras, te tocan y lloras, te ven y… lloras.

Es curiosa la manera en que la gente intenta reconfortarte, suelen decir lo primero que se les viene en mente, el famoso “no llores” seguido de un abrazo que nada más hace que se enfatice eso que no quieren que hagas “llorar”. Pero por qué demonizar el querer llorar digo, si quieres hacerlo HAZLO, es una forma de dejar salir todo, a raudales; una manera de regresar tu cuerpo al equilibrio. Quién ha llorado mucho puede contarles que eventualmente dejó de hacerlo, y se sintió mucho mucho mejor. Es como si le hicieras un détox al cuerpo de todo eso que no le sirve, y funciona; luego como en la onda bipo hasta puedes volver a sentirte muy feliz.

Yo soy de las personas que siente fuerte; si soy feliz, soy muy feliz, si estoy enojada, medio arde Troya, y así consecutivamente con el resto de las emociones. Pero exclusivamente para los días azules tengo las recetas perfectas (también llamados “clichés”) para hacerlos mejores.


1)ESCUCHA LAS CANCIONES MÁS TRISTES DEL MUNDO: Escoges las canciones que más te quedan, que más te hacen recordar por lo que estás triste. Entonces ahí estás cantándolas e imaginándote que es parte de una película saaad, y no dejas de llorar bien rico, y juras que la canción la escribieron para ti (¿ya vez? otra razón por no estar taaan triste, le pasa a todos, tanto que escriben canciones sobre eso).


2)COMPRA HELADO (un litro más o menos): El helado es amor puro en presentación de grasa, carbos y azúcares. Es una de las medicinas perfectas para recuperar estabilidad emocional (basado en la empiria).

 

3)BAKE: Hornéate unas galletas de chocochip para que utilices de herramienta para comer tu helado, o unos brownies extra chocolatosos, yo recomiendo Ghirardelli (lo puedes encontrar en Costco) que son placer culinario instantáneo.


 

4)ESCOGE LAS PELÍCULAS MÁS TRISTES QUE PUEDAS: Es la misma línea de arriba; como a la miseria le gusta la compañía, a uno le encanta ver cosas que lo hacen sentir más miserable para llorar más rico (pseudo masoquistas que somos) y así mientras lloriqueas con la peli, disfrutas del helado y se te medio olvida la tristeza de lo rico que te saben los brownies.


 

5)CULPA: Una vez que te atragantaste el litro de helado, las galletas y quizá los brownies (y pizza, como lo he hecho yo) entonces ya puedes sentirte mal, no por lo que estabas llorando sino por todo lo que te comiste, y estás listo para el paso final.


 

6)REBOOT: Ya después de haberte dado el lujo de sentirte como que el mundo se acaba por unos cuantos momentos, ya estás lista para reiniciarte; como tu cuerpo ya tiene una carga energética engrandecida, ya puedes verte al espejo, darte cuenta que llorar te hace lucir fea, y muestras los colmillos en algo parecido a un sonrisa, entonces te percatas que luces más linda.

Lo comido ya nadie te lo quita, lo gozaste, bien. Ahora levanta tu trasero sal a correr, ve al gimnasio, descarga la energía y deja fluir las nuevas cargas eléctricas que surgen en tu cuerpo.


El punto de estar triste no es el hecho en sí de estar triste, de llorar, sino de vivir estancado en ese momento y no poder llegar al paso 6. No poder ver que la vida sigue ofreciendo miles de cosas más por las cuales volver en sí, y ser feliz. Somos seres sensibles por naturaleza, por ende no es una anomalía que haya días que no son taaan excepcionales; la tristeza/la felicidad, van en función de tu perspectiva hacia la vida, de cómo ves el vaso, medio lleno o medio vacío. Pero es totalmente válido sentirla en todos sus sabores y colores; los días caóticos y los días serenos; ya dijo Hunter Thompson


“La vida no debería de ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en alta: ¡UFF! ¡VAYA VIAJECITO!”

Mucho que decir, pero por hoy es todo.



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